Adiós Hotel Mamá

Dar ese importante paso de irse de la casa a veces no resulta tan fácil. Las madres, que nos ven como sus bebés -así tengamos 40-, piensan que “moriremos de hambre”  y nosotros, gozaremos de independencia. Pero en ese largo camino, ambos nos ponemos a prueba.

En días pasados, recibí una llamada.

— Aló, ¿Florencia?
—Aló. Sí, con ella.— Contesté.
—Quiubo, la llamo para saludarla e invitarla este fin de semana a mi casa. ¿Quiere ir?
—¡Ah bueno, qué agradable! ¡Claro que sí! Hace harto no veo a su mamá. ¿Cómo está ella?
—Ella, bien. Pero no sé si la vaya a ver.
—Cómo así? ¿Pasó algo? ¿Están bien? ¿Cómo están todos?— Dije preocupada.
—No, no, no ha pasado nada. Solo que me fui a vivir solo. La llamo para invitarla a mi nuevo apartamento.

Andrés, mi amigo de infancia quiso dejar la casa después de 32 años de vivir con su mamá y su abuela. Su nueva morada es ahora un pequeño apartamento en un lujoso sector de la ciudad y no tiene más que un escuálido sofá en la sala, su cama y un perro.

Andrés, al igual que yo y la gran mayoría de amigos cercanos, decidió dar el paso a vivir fuera de la casa de sus padres, donde por supuesto lo tenían todo y no les exigían nada (o no mucho).

Yo lo hice a los 28, cuando llevaba tres años trabajando. Era la primera de todos mis hermanos. El día que decidí irme a vivir sola, lo hice pensando que el trabajo me quedaba más cerca de mi nueva casa y que así, tendría mejor calidad de vida.

Y no fueron excusas, era la verdad sumada a un gran impulso de independencia lo que me hizo tomar la decisión. Mi mamá -de  la que siempre fui su consentida-, lloró el día que el camión llegó a recoger mis cosas. Era el comienzo de una nueva etapa a muchos kilómetros de distancia pero con un nuevo contexto: Viviría sola y bajo mis propias reglas.

Andrés decía que su mamá aún no entendía qué le había molestado para irse a “pasar trabajos”. Al igual que yo, dejó la casa sin saber hacer ni un huveo tibio y sin una sola olla; razones más que suficientes para que la progenitora muriera por dentro al saber que su nuevo hogar es un lugar  donde prácticamente no hay nada

La soledad de la independencia, es una cosa que rastrilla los huesos cuando cae la primera noche y no hay nadie que nos diga “buenas noches”. Eso solo lo sienten las madres y por supuesto, uno.

Y así pasan los días, en que ellas quieren saber cómo estamos, si comimos, si dormimos cómodos o sentimos frío. Nos regañan por ir a tantos restaurantes y ganarnos una gastritis en vez de cocinar. Se preocupan porque lleguemos tarde y que después de un día de trabajo encontremos una sala vacía y ni un grano de arroz en la cocina. Saben que ese empieza a ser el pan de cada día.

Y en medio de su amor incondicional no entienden por qué uno renuncia a las comodidades del hogar familiar, si allá lo tenemos todo. Y tienen razón, hasta que uno como sea, aprende y les hace entender que simplemente  hace parte de la vida.

Yo logré comprar una nevera tres meses después de la mudanza. A los seis meses ya cocinaba como una experta y hasta tenía una nueva compañera de apartamento.  A mi mamá, le tomó tiempo entender que era cuestión de aceparlo. Ya lo superó y ahora va y me visita.

Desde entonces, ella no para de llamarme a diario para saber cómo estoy. A veces, siento ese vacío de no tenerla cerca y que me traiga un café caliente los domingos, o que me espere hasta tarde con un plato de comida caliente sobre la mesa. Pero ya me acostumbré a vivir en mi propio espacio.

Vivir solo es una de las cosas más importantes que uno debe hacer en su vida: sentir el aire de libertad, donde uno pone sus propias reglas y le da un nuevo rumbo a su vida, es algo que todo el mundo debería vivir.

Mucha gente que conozco se van de la casa porque  se casan, y no creo que esté del todo bien sin antes vivir la experiencia de tener su propio espacio, sus propias reglas y sus propios miedos.

Porque así  empieza la aventura. Pasamos de tener la luz prendida en el cuarto, a pagar los recibos cada mes y medir el consumo; de revisar la nevera de vez en cuando y evitar que lo que allí guardamos no esté podrido; o llamar a la mamá a preguntarle cómo amaneció. También nos damos cuenta que vivir solo no significa hacer fiestas cada día y le demostramos a los padres que uno no se va a morir de hambre y que estaremos bien.

Cuando llegué al apartamento de Andrés, sentí ese mismo vacío que yo tuve los primeros días. Imaginé a su madre sintiendo lo mismo que la mía. Al fondo sonaban los carros de la avenida y el pasillo hacia el cuarto con la solitaria cama  y se hacía largo y oscuro. Nuestras voces sonaban con un eco retumbante por el vacío del espacio.

Él llevaba un mes en ese apartamento y nunca había hecho ni una sola fiesta. Me contó que aprendió a cocinar una buena pasta y a bañarse en cinco minutos. Su mamá hasta ahora estaba entendiendo eso.

—Y ¿cómo se siente en su nueva vida?—, le pregunté.
—Muy bien, aunque debo decirle que es extraño, a veces siento que esto es mucho espacio para mí— respondió mientras prendía un cigarrillo.
—Hay que lidiar con eso, —le dije— pero al cabo de los días, resulta acostumbrándose…Y su mamá también.

Nos sentamos en el sofá y mirábamos los carros pasar. El yermo de la independencia y la adultez, inundaba la sala del vacío apartamento, mientras el perro lamía sus patas.

Entendimos que decirle adiós al Hotel Mamá es un gran paso que damos los hijos; nos volvemos más responsables y sabemos con certeza qué queremos lograr tomando ese vertiginoso camino.

Mamás: prometemos solemnemente pagar los servicios, visitarlos con frecuencia, aprender a cocinar una lasaña igual o mejor que la de ustedes. Pero también aprenderemos a crecer, a vivir nuestras propias vidas y valernos por nosotros mismos; eso para ambos, es ganancia.

Cuéntenos ¿Cómo fue ese día que usted dejó el hotel mamá? Déjenos sus comentarios aquí abajo, debe ser bonito escuchar esas historias de angustia y regocijo. 🙂

Diatriba escrita por: Florencia R.  
Foto: Diseñado por Freepik

13 thoughts on “Adiós Hotel Mamá”

  1. Aún no dejo el hotel mamá. Solo viví un tiempo por fuera del país y comprendí qué tan importante es compartir con nuestros padres, hasta esos mismos regaños de ellos hacen falta.

    Lindo tu blog y tus entradas, además de tu estrategia digital 🙂

    1. Hola david!
      Irse a vivir fuera del país es otra forma más sutil de dejar el hotel mamá. A todos nos ocurre diferente pero seguramente cuando te vuelvas a ir, ahora sí del todo, tus padres lo asimilarán mejor! 🙂

      Muchas gracias por tu comentario y halagos. Me alegra que te guste este espacio, esperamos regreses pronto!

  2. Me encantó tu post…. y no, aun no he dejado el hotel mamá jajaja pero deseo hacerlo , por ahí voy acomodando algunas cosas para lanzarme al vacío y tener esa independencia que tanto necesito… gracia por compartir tu experiencia.

  3. La mejor etapa de mi vida fue cuando viví un año sola, sabía cocinar pero lo que más aprendí fue cosas de mi misma de las que no era consciente! Es muy necesario y es lo mejor que podemos hacer para crecer

  4. Pues tanto para mi como para mi pareja fue muy fácil, afortunadamente.

    No somos muy apegados de la familia así que decir adiós fue sencillito. Además en nuestro caso ambos estábamos “con la mama” pero sin “abusar” de ella. Yo casi cada día me hacía mi tupper y demás así que el cambio fue sin dolor

  5. La verdad es que irse a vivir solo es como romper definitivamente el cordon umbilical que nos une a nuestras madres. Yo lo hice a temporadas pero tuve que volver.
    Me encantó la sensación de libertad y no dar explicaciones a nadie, pero cierto que se echa de menos a veces por las noches ese cariño que una madre solo puede dar.
    Tambien es cierto que de alguna manera intentan “controlarnos” y ver que hacemos. Creo que no lo pueden evitar. Al fin y al cabo somos sus hijos

    1. Hola Bel!

      Si, romper ese cordón es muy duro, estoy segura que para ellas es más que para nosotros. Pero ya en la soledad, uno recuerda con cariño todos sus mimos. De hecho, al volver uno sabe que la calidez del hogar familiar no se compara con nada!

      Gracias por tu comentario!

  6. ¡Hola! Me ha encantado el post, la verdad es que yo no he vivido todavía nada de eso, tengo 25 años y aún sigo en casa con mis padres pero la verdad es que tengo bastantes ganas de poder vivir sola aunque hasta que tenga un trabajo estable lo veo complicado :S
    Sé que el día que eso pase mi madre llorará a mares porque estamos muy unidas y pasamos mucho tiempo juntas.
    Saludos

  7. Lo más importante antes de dar el paso de independizarse es tener independencia económica y eso cuesta lograrlo. Y además un trabajo estable, más difícil todavía. Cuando se junten esos 2 factores es hora de volar del nido, aunque nos sigan viendo como a sus niños como bien dices. Saludos!

  8. Yo no tengo planeado largarme de casa. Porque aquí le vida en España, es un poco difícil. Pero sé que algún día, me saldrá trabajo en otro sitio, y no me será posible el ir a venir del trabajo a la casa de mis padres, por lo que la idea de buscarse un estudio para vivir, se hará realidad, mas tarde o temprano. Pero yo estoy mas tranquila viviendo con mis padres, que por mi cuenta.

  9. Hola guapa
    Un post muy interesante, sin duda dejar el nido familiar es un gran paso, y los padres lo notan mucho, en mi caso tanto mi madre como mi padre lo notaron. Si que es cierto que quedó un poco suavizado porque mi hermano pequeño aún vive con ellos, entonces tienen a quien “mimar”
    Me fui del Hotel Mama a los 24, y cambié de ciudad, ahora a los 27 he vuelto a la ciudad donde viven mis padres, estoy a 5 minutos de su casa y todos estamos más felices. Además tengo el plus de que la comida aparece sola en mi nevera jeje
    Un besazo

  10. Para mi pareja y para mí fue más sencillo. Nosotros ya llevábamos dos años viviendo juntos en casa de mis padres y al independizarnos ya habíamos ahorrado lo suficiente como para poner un piso en marcha al completo. Mis padres abuelos y tía nos habían preparado gran parte del ajuar desde hacía tiempo, así que nos fuimos de casa con muchas facilidades.
    Lo más difícil para mí fue aprender a cocinar y tener la casa impecable a diario, ya que mi madre pasaba muy a menudo a controlar que llevase la tarea al día, pero por el resto, pan comido.
    ¡Un beso!

  11. Hola!!! La verdad es que yo me independicé muy jovencita y no eché de menos el nido hasta bastante mayor porque para mí fue como una aventura pero ahora que soy madre entiendo lo mucho que a ellas les cuesta que nos vayamos porque los hijos siempre son pequeños y siempre “nos van a necesitar!. Espero de aquí a unos años saber apoyar a mi hijo para que se independice pronto, es una gran experiencia de vida y también necesaria para su desarrollo como persona, nosotras siempre estaremos ahí para lo que sea. Muakss

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